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Cómo nadar en el mar de Acapulco

Este diciembre, mi familia y yo nos fuimos de viaje a las magníficas costas de Guerrero, donde nos quedamos en uno de hoteles en Acapulco que algún día, no hace mucho, fue considerado como uno de los cinco mejores hoteles del mundo.

El hotel tiene un acceso libre a la playa y al mar abierto, un mar donde abundan todo tipo de creaturas, haciendo la vida de los pescadores una mucho más fácil y efectiva, ya que en Acapulco sólo los pescadores parecen ser los únicos que aprecian la fauna marina de la región.

Cualquier persona, especialmente turista, quien nade en aquel parte del océano pacífico, tendrá forzosamente que hacerlo con una combinación extraña de alegría y cautela para poder sacar el mayor provecho de aquellas aguas de una manera segura y despreocupada.

Al decir cautelosamente me refiero a que aunque el mar siempre exige respeto, en Acapulco lo exige aun más, ya que las aguas saladas acapulqueñas son conocidas por su imprevisibilidad, lo que significa que pueden cambiar de humor en un segundo, especialmente en las olas, que nos pueden indicar mucho, ya que ellas son las embajadoras de los mares.

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Si bien la fuerza de las olas en todo Acapulco son conocidas por su fuerza y determinación, no son ellas quienes destacan por su peligro, sino las corrientes submarinas que abundan en toda la línea costera, moviéndose de un lado a otro como invisibles tornados operando debajo de la tierra

Estas corrientes son famosas por succionar todo lo que se encuentre en la superficie para luego soltarlas en otro lado, el problema grande para los que caen ahí es que el proceso de reubicación puede significar estar varias horas bajo el mar, por lo que no debemos ir muy lejos para entender qué le pasa a los humanos cuando ahí caen

El mencionar que hay que nadar en esas aguas, además de con cautela, con alegría, no es una simple alegoría sino un buen uso de nuestro aparato natural de supervivencia,  que a su vez nos hace felices.

Cuando una persona hace algo alegremente, lo hace también inteligentemente, ya que el miedo, la preocupación o hasta el pánico no toman ningún lugar en su sistema operativo; ergo no lo entorpecen.

Esto es muy importante, ya que si es que un individuo llega a caer en una situación peligrosa, en un territorio foráneo a su naturaleza como lo es la mar, es muy fácil que caiga en pánico, cavando así su propia tumba.

Un buen ejemplo de esto es cuando uno es atrapado por uno de estos remolinos, algo que puede ser verdaderamente frustrante; sin embargo, esta situación como casi todas las otras tiene una solución práctica.

Esta solución consiste en succionar aire en los pulmones y sacar las puntas de los pies del mar, al mismo tiempo de nadar tranquilamente con los brazos; haciendo esto, muy pronto nos encontraremos fuera de peligro, de lo contrario podemos morir.

Entonces, ya sabemos como nadar en los mares de Acapulco.